APOLO (Soufian Kalai)

Yo, Apolo, soy uno de los más importantes y polifacéticos dioses olímpicos. Soy hijo de Zeus y de Leto y hermano gemelo de la cazadora Artemisa. Soy reconocido como dios de la música, de la luz y de la belleza masculina, también de la poesía y el arte. Nací junto a mi hermana gemela en una pequeña isla de Delos, pasé mi infancia en el país de los Hiperbóreos, donde el cielo siempre estaba despejado y nunca salía el sol. Cuando crecí regresé a Grecia para vivir en el Olimpo.

En Grecia, necesitaba un santuario, y elegí uno situado en el Monte de Parnaso en Delfos que pertenecía a Gea “La Madre Tierra”. El santuario estaba protegido por Pitón, una monstruosa serpiente de 100 cabezas, a la que conseguí matar y después de haberla matado instalé un Oráculo en el santuario.

El Oráculo de Delfos tiene una gran importancia, porque mucha gente de distinta clase social viene al Oráculo para escuchar mi visión, para ver su futuro. Soy un dios muy asociado a la profecía. La sacerdotisa que entra en trance para ver el futuro, inspirada por mi, se llama “Pitia”. La Pitia se sienta en un trípode sagrado donde entra en trance tras inspirar unos gases procedentes del suelo y dice palabras incomprensibles, que son interpretadas por los sacerdotes del santuario.
Pasados ya unos cuantos siglos de estos hechos, se ha cuestionado la inocencia del Oráculo. Los gases sagrados son en realidad gases liberados del interior de la Tierra tras un movimiento sísmico. Los sacerdotes, afirman  interpretar las palabras de la Pitia, dan respuestas ambiguas: un ejemplo es que, ante una guerra, dicen que “un gran imperio será destruido”. Sin duda habrá  un perdedor, por lo cual esto no aporta nada. En otros casos, era sencillo predecir la sucesión de los hechos.

Mis amores son desgraciados porque nunca me llegado a casar. Una de las mujeres de las que me enamoré fue Casandra, una troyana, que le dí el poder de la profecía pero finalmente  rechazó mi amor y la maldije para que nadie crea sus predicciones.
Cuando Casandra predijo en la caída de Troya supuestamente nadie le hizo caso.
El amor más famoso que tuve fue la hermosa ninfa Dafne, hija del dios-río Peneo, pero discutí con Eros, el dios del amor que era mi hijo y el de mi esposa Afrodita, cuando lanzaba sus flechas de oro provocaban amor y con las de plomo odio. Al sentirse ofendido, Eros, me lanzó una flecha de oro y a Dafne una de plomo,al instante, sentí un amor irresistible por la bella ninfa y ella sintió odio hacia a mi. Al verme que me dirigía hacia ella comenzó a huir. Cuando el dios más rápido que ella esta a punto de alcanzarla, pide ayuda a su padre. El dios-río la transforma en un laurel. Cuando llegué  hasta ella, tan sólo pude coger unas hojas del árbol. Desde ese momento, el laurel se convirtió en mi símbolo.

Published in: on abril 26, 2011 at 8:29 pm  Dejar un comentario  

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